La pregunta suele plantearse mal. No hay un sistema de tracción mejor que otro: hay tres formas de resolver el mismo problema, y cada una falla de una manera distinta. Lo que decide el resultado no es la etiqueta, sino la calidad del motor, la inercia del plato y el cuidado con que se ha aislado uno de otro.
Aun así, las diferencias son reales y se miden.
Las dos magnitudes que hay que mirar
Todo lo que hace un sistema de arrastre se juzga con dos cifras.
La fluctuación de velocidad (wow and flutter) mide cuánto varía la velocidad del plato respecto a su valor nominal. El wow son las variaciones lentas, por debajo de unos 6 Hz, que se perciben como una desafinación en el piano o en una voz sostenida. El flutter son las rápidas, que ensucian el timbre y emborronan los ataques. Se expresa en porcentaje ponderado: por debajo del 0,1 % un tocadiscos ya está bien, y los mejores diseños se mueven entre el 0,03 y el 0,05 %.
El ruido de fondo (rumble) mide la vibración de baja frecuencia que el propio mecanismo inyecta en el surco: motor, rodamiento, transmisión. Se da en decibelios respecto a la señal, con ponderación DIN B. Menos de 70 dB es correcto; a partir de 75 u 80 dB el mecanismo ha desaparecido debajo de la música, que es de lo que se trata.
El conflicto entre ambas define el problema. Para tener velocidad estable conviene un motor potente y firmemente unido al plato. Para tener poco ruido conviene lo contrario: un motor discreto y desacoplado. Los tres sistemas son tres compromisos distintos entre esas dos exigencias.
Transmisión por correa
El motor está apartado del eje del plato y lo mueve mediante una correa elástica, casi siempre de elastómero, que pasa por una polea.
La correa cumple dos funciones a la vez. Reduce la velocidad, porque una polea pequeña arrastra un plato grande, y sobre todo filtra: el elastómero es un amortiguador mecánico que absorbe las vibraciones de alta frecuencia del motor antes de que lleguen al plato. Ese filtrado es la razón por la que casi todos los tocadiscos de alta gama usan correa.
El precio de ese filtro es que la unión entre motor y plato deja de ser rígida. La correa se estira bajo carga, cede ligeramente y con el tiempo envejece. Un sistema de correa mal planteado tiene un wow perceptible y tarda en arrancar.
La solución clásica es la inercia: si el plato pesa lo suficiente, su propia energía cinética alisa cualquier irregularidad que la correa transmita. Un plato de 20 kg girando a 33 revoluciones almacena tanta energía que las pequeñas variaciones del motor se vuelven irrelevantes. Por eso los platos de masa elevada y la transmisión por correa van casi siempre juntos.
Tracción directa
El eje del motor es el eje del plato. No hay intermediario, así que no hay nada que se estire ni que envejezca. El control de velocidad se hace electrónicamente, comparando la rotación real con una referencia de cuarzo y corrigiendo muchas veces por segundo.
Las ventajas son evidentes: par elevado, arranque inmediato, velocidad exacta y estable indefinidamente. Es la razón por la que el mundo del DJ no usa otra cosa.
El inconveniente está en el propio principio. El motor está unido rígidamente al plato, así que todo lo que hace se transmite directamente al disco. En los diseños con núcleo de hierro aparece además el cogging: el rotor tiende a detenerse en las posiciones donde el circuito magnético es más favorable, lo que produce una micropulsación en cada vuelta. Y el propio servo introduce un artefacto: si corrige de forma agresiva, el sistema oscila continuamente alrededor de la velocidad correcta en lugar de mantenerla.
Los buenos diseños modernos resuelven ambas cosas con motores sin núcleo y con lazos de control lentos y de mucha inercia. Los diseños baratos no las resuelven, y ahí es donde la tracción directa se gana su mala fama en la escucha doméstica.
Rueda de fricción
Es el sistema más antiguo de los tres. Una rueda recubierta de caucho se interpone entre el eje del motor y el borde interior del plato, y transmite el movimiento por rozamiento.
Da un par altisimo y un arranque casi instantáneo, y aún hoy tiene defensores convencidos: los Garrard 301 y 401 o los Thorens TD 124 siguen restaurándose y vendiéndose caros. Quienes los prefieren describen un ataque y una autoridad rítmica que atribuyen a esa unión rígida y de mucho par.
El punto débil es el ruido. La rueda es un contacto mecánico directo, y cualquier imperfección suya, un plano por haber quedado apoyada meses, un endurecimiento del caucho, se traduce en un golpe audible una vez por vuelta. Restaurar bien uno de estos mecanismos exige un trabajo considerable, y sin él el ruido de fondo está muy por encima de lo que hoy se considera aceptable.
Comparativa
| Correa | Directa | Rueda | |
|---|---|---|---|
| Aislamiento del ruido del motor | Muy bueno | Depende del diseño | Escaso |
| Estabilidad de velocidad a largo plazo | Buena, con inercia suficiente | Excelente | Buena |
| Par y arranque | Lento | Inmediato | Inmediato |
| Mantenimiento | Cambiar la correa cada pocos años | Prácticamente ninguno | Rueda y caucho, exigente |
| Uso natural | Escucha doméstica | DJ, radio, escucha | Coleccionismo, restauración |
El motor importa más que el sistema
Dos tocadiscos de correa pueden no tener nada que ver entre sí según qué motor lleven dentro.
Un motor síncrono gira a una velocidad determinada por la frecuencia de la red eléctrica y por su número de polos, no por su carga. La relación es directa: revoluciones por minuto igual a 120 por la frecuencia dividido entre el número de polos. Un motor de 24 polos alimentado a 50 Hz gira exactamente a 250 revoluciones por minuto, siempre, mientras la red mantenga su frecuencia. No necesita electrónica de corrección porque no tiene nada que corregir, y a más polos, menos brusco es cada paso magnético y menos vibración genera.
Un motor de corriente continua es más barato y más pequeño, pero su velocidad depende de la tensión y de la carga, así que necesita obligatoriamente un circuito de regulación. La calidad de ese circuito pasa a ser tan determinante como la del motor.
Es la razón por la que en los tocadiscos Riffaud el motor es siempre síncrono, de imanes permanentes y muchos polos, y además va alojado en un bloque independiente que no toca la base. En la Intemporelle II, el motor de 24 polos es un módulo separado por completo del chasis; en la Epure, el bloque motor de latón pulido se apoya aparte y solo lo une al plato la correa.
La inercia como filtro final
Hay una variable que casi nunca aparece en las fichas técnicas y que hace tanto trabajo como el motor: el momento de inercia del plato.
Un plato pesado y de diámetro grande es un volante. Una vez lanzado, hace falta mucha energía para acelerarlo o frenarlo, y las pequeñas irregularidades del arrastre, sean del motor, de la correa o del roce de la propia aguja sobre el surco, sencillamente no bastan para moverlo. Ese es el motivo de que existan platos de 17 o 20 kg de aluminio macizo, y de que algunos diseños añadan un contraplato interno también masivo: en la Resurrection, el contraplato de bronce pesa por sí solo 18 kg y es sobre él, no sobre el plato, donde actúan las tres correas.
Un plato con inercia suficiente convierte la elección del sistema de arrastre en una cuestión mucho menos crítica de lo que parece.
Entonces, ¿qué elegir?
- Para pinchar: tracción directa, sin discusión. Necesita par, arranque instantáneo y aguantar que le frenen el plato con la mano.
- Para escuchar en casa: correa con plato de masa elevada y motor síncrono aislado, o tracción directa de un diseño serio. Ambas rutas llegan lejos; lo que no llega a ninguna parte es una tracción directa barata con plato ligero.
- Para restaurar y coleccionar: rueda de fricción, sabiendo que se compra un proyecto además de un aparato.
Y por encima de todo eso: antes de cambiar de tocadiscos por su sistema de arrastre, asegúrese de que el que tiene está bien ajustado. La diferencia entre una cápsula alineada y otra puesta a ojo es mayor que la diferencia entre correa y tracción directa. Lo explicamos paso a paso en la guía de ajuste de la cápsula.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto hay que cambiar la correa?
Entre tres y cinco años con uso normal. El elastómero se endurece y pierde sección aunque el tocadiscos no se use. Si el arranque se ha vuelto perezoso o la velocidad se va, empiece por ahí antes que por nada más.
¿La tracción directa desgasta más los discos?
No. El desgaste depende del estado de la aguja, de la fuerza de apoyo y de la alineación, no del sistema de arrastre.
¿Sirve de algo un estroboscópico?
Para detectar un error de velocidad medio, sí. Para juzgar la estabilidad, no: las variaciones rápidas que estropean el timbre son demasiado breves para verlas en el disco estroboscópico.
¿Por qué casi todos los tocadiscos caros son de correa?
Porque en escucha doméstica el par no hace falta y el aislamiento sí, y porque la inercia de un plato pesado resuelve el punto débil de la correa sin necesidad de electrónica en el camino de la señal mecánica.